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Historia de una explosión oriental

Writer: Oriental FoodOriental Food

Vivencias de un estudiante en Oriental Food & Veggie



Siempre se había hablado del mítico “paki” cerca de la uni. Generaciones anteriores a la nuestra han hecho referencia a este lugar e incluso recomendado conocerlo: “Tiene buenas birras y algunos productos extraños, pero graciosos”.


A pesar de pasar casi diariamente frente a este lugar, la verdad es que no me había tomado el tiempo de entrar, hasta hace algunos meses y es una historia que vale la pena contar.


Después de un largo día en la universidad y de cumplir fielmente mi papel como estudiante que vive lejos de casa, recordé que mi nevera se encontraba vacía. El rugido en mi panza reclamaba algo inmediatamente, pero el escaso peso en mi billetera rogaba que controlara mis impulsos y que eligiera algo de bajo precio. Recordé entonces los consejos de mis compañeros veteranos y decidí darle una oportunidad al establecimiento del que tanto se hablaba.


Solo al entrar me encontré en otra dimensión. De pronto los productos no se encontraban en mi idioma y estaban decorados con figurines extraños y colores extremadamente vivos.

Después de recorrer los pasillos y de sentirme más perdido que nunca, decidí pedir ayuda a la mujer que se encontraba detrás del mostrador. “Hola, ¿podrías recomendarme algún producto para comer hoy?”. Sin levantar la mirada, dijo en voz alta algo en un idioma incomprensible para mi y como si fuera magia, apareció repentinamente otro personaje que rápidamente me entregó un producto en mano. “Ponerle soja y muy bueno” dijo con dificultades.

Pagué mi producto y me encamine a casa.


Al llegar, abrí el producto, quité la tapa del envoltorio, agregue un poco de soja y lo metí al microondas. “Supongo que con tres minutos bastará”. Di click a inicio y decidí esperar en el sofa.


1 minuto después, el rotundo sonido en la cocina me regresó al presente y me obligó a correr a ver que estaba pasando. Había humo por todas partes. El microondas lucía como si todo el Oriental Food hubiera explotado dentro y el olor era a plástico quemado.

Maldije para mis adentros. No solamente me había quedado sin dinero y sin comida, sino que a esto se le sumaba la faena de limpiar la cocina y escapar del olor que ahora empezaba a impregnar toda la casa.




Al día siguiente, sin haberme recuperado del malestar, decidí reclamar al establecimiento por su pésimo servicio. Entre al Oriental Food & Veggie decidido a armar un escándalo y pedir mi dinero de vuelta. Después de contar mi relato a Mary y enseñarle las fotos de mi casa, la miré a esos ojos impenetrables, esperando su respuesta. A mi sorpresa, la dueña del establecimiento soltó una carcajada interminable que me descolocó instantáneamente.

“¿Se puede saber qué es tan gracioso?” dije. Entre carcajadas y largas bocanadas de aire, la titán de hierro, ahora convertida en una niña pequeña, exclamó “Chico, no hiciste bien tu comida. No se puede meter la comida al calor. Tu no leiste instrucciones y por eso la explosión” dijo mientras continuaba riendo airosamente. Acto seguido, tomó un nuevo producto de la estantería y me mostró al revez las instrucciones en dónde, a través de imágenes, demostraba cómo prepararlo y en dónde explicaba claramente que no se podía introducir el producto al microondas.


Desde entonces, Mary siempre sonríe al verme entrar a su establecimiento y sospecho que cuenta esta historia a sus familiares cada año por navidad.



 
 

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